México se ha quedado estancado en el viejo, nostálgico y masoquista miedo a asumir posiciones de verdad.
José Luis Valdés Ugalde*En mi colaboración pasada citaba una declaración de Calderón de mayo de 2006, acerca del muro fronterizo: “…yo les digo a los americanos... No gasten tontamente su dinero en muros que de todos modos nos vamos a brincar”. Viene a cuento retomarla a la vista del estado lamentable de nuestra diplomacia bilateral e internacional y también porque se vincula con el cimiento argumental usado en varias ocasiones aquí sobre los grandes obstáculos que el gobierno ha tenido para tener una política exterior (PE) con identidad o, al menos, con contenidos. En este fin de sexenio esta constante parece que seguirá marcando la pauta de la política internacional mexicana: nadie quiso, pudo o se atrevió, ni en Los Pinos ni en Tlatelolco, a articular una diplomacia sensata o siquiera dirigida a definir prioridades sobre asuntos específicos o generales. A diferencia de Brasil, que ha podido montarse una PE de futuro, México se ha quedado estancado en el viejo, nostálgico y masoquista miedo a asumir posiciones de verdad cuando de problemas de fondo se ha tratado. El gobierno ha sido inconsistente en su visión y acción y ha quedado en el sótano de las grandes ligas del juego regional e internacional. Durante este sexenio, el Estado se ha ausentado y el gobierno no ha diseñado una PE de prioridades temáticas ni frente a actores individuales o colectivos. Por ejemplo, no se tiene una definición política frente a las operaciones de paz o ante Canadá y Estados Unidos en el marco del estancamiento que sufre el TLCAN y muy en particular del peculiar desprecio con que Canadá ha tratado a su socio mexicano, antes, durante y después de que se impusiera el nuevo régimen de visado a los mexicanos: frente al desinterés canadiense (del total de la IED, el socio canadiense no llega a aportar ni 5%), la respuesta mexicana ha sido timorata e improductiva. Con EU ha resultado imposible establecer una política que apunte al largo plazo, no se diga una que en el marco de la coyuntura crítica que vive la relación bilateral cada semana o mes desde 2006, pueda configurar esquemas de acción estratégicos creíbles para acordar consistentemente con Washington planes conjuntos de acción para defender sus intereses comunes.
Con América Latina no hay nada de sustancia. Fuera del incipiente TLC con Brasil, México, ni se ha logrado acercar a Cuba como se lo propuso (Calderón no logra visitar la isla todavía y tal parece que ya no lo hará en el medio de este crítico fin de sexenio). Con el Pacto Andino no se han podido superar las desavenencias que se tienen con Venezuela, Ecuador o Bolivia, de tal forma que sólo nos queda la relación con el Perú de Alan García (habrá que ver lo que nos espera con Humala). En el Cono Sur, aparte de con Brasil, sólo con Chile ha sido posible vender la causa mexicana. La percepción es que México se encuentra aislado y paralizado en su accionar diplomático. Ni Europa ni Oceanía ni Japón y sólo China, con mucha tensión, dada la falta de voluntad política de ambas partes, parecen interesarse por un país en jaque por el narco y con un Estado paralizado políticamente por su escasa firmeza e incapacidad para efectuar las reformas estructurales que le permitan salir de su atraso y mediocridad y alcanzar un desarrollo verdaderamente sostenible. De entre los emergentes, como Corea o Brasil, México ya no es más un referente que despierte la imaginación de sus aliados cercanos o lejanos. La política exterior del gobierno de Calderón está tan quebrada como muchas de sus otras políticas y urge un nuevo paradigma de política internacional integral de gobierno, que como tal pueda devenir en política de Estado. No al revés. Es lamentable que se pretenda hacer de la PE parte del juego pirotécnico perverso de la política calderonista. Y esto ocurrió así cuando hizo aquella declaración en contra del muro: según el cable WikiLeaks06Mexico255, en una entrevista con el embajador Garza, le reveló que su declaración no tenía como objetivo fijar posición alguna en el tema, sino aventajar a AMLO en las encuestas y ganarle la Presidencia. Ante este desastre, pues, se exige un nuevo paradigma de política internacional para México.
*Analista político. Investigador y profesor de la UNAM
Twitter: @JLValdesUgalde
http://excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=707568&action=comentario
me gusto mucho!!! se los recomiendo k.ñon!
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