jueves, 19 de enero de 2012

¿Plata o plomo?/ Piedra en el zapato por Lilia Baizabal

Plumas Libres, http://plumaslibres.com.mx/articulo/%C2%BFplata-o-plomo-piedra-en-el-zapato/

19 enero, 2012



A los varios mitos sobre la guerra contra el narco, que van desde aquellos que dicen no se debió enfrentarlo, hasta los que califican de “negativa” la participación del ejército, se suma el de los que ven en la “negociación” la única salida para frenar la violencia y evitar que personas inocentes continúen sufriendo los daños de esta guerra que ya cobra 60 mil muertos y la lista continúa.

¿En verdad la única salida para terminar la violencia en el país y los estados, es la negociación con los narcos?. Se preguntará.

Existe la creencia que los gobiernos pasados del PRI, mantuvieron la paz solo a través de los pactos. De los grandes negocios que permitieron la actuación a cambio de las operaciones “discretas”.

Dicen que la violencia estalló cuando el nuevo gobierno emanado del PAN, abandonó este método.

Una y otra vez se argumenta que la violencia cesará cuando se negocie con los delincuentes.

Éste es un enfoque en extremo simplista para entender el pasado y para suponer una solución en el presente.

La historia nos dice que el narco, no ha sido siempre un problema de seguridad nacional.

Se transformó en una amenaza estratégica al fortalecerse financieramente a partir de la segunda mitad de los noventa.
En el pasado los narcos eran un problema policial de segundo orden y para lidiar con ellos se requería una lógica operacional local y no una estrategia de Estado. Durante muchos años no fueron un tema central ni para México ni para nadie. Actuaron siempre, pero respetaban sus propios acuerdos y los del poder en turno.

Durante los setenta y ochenta la tolerancia al problema fue universal y hasta la CIA y Cuba lo instrumentaron y subvaloraron como amenaza. Lo que se conoce como “negociaciones” posiblemente sea parte de las leyendas que dejaron algunos jefes policiales o políticos locales cuando lidiaban, desde un Estado fuerte, con un problema menor.

Ahora estamos frente a una realidad distinta en la cual los cárteles buscan imponer su autoridad por encima del Estado con la ley de “plata o plomo”. Y claro, ante un estado donde la ley no la hacen respetar ni las mismas autoridades. La corrupción permeó en el sistema de procuración y administración de justicia y en México, como en Veracruz, solo hay “justicia” para el que la compra.

El narcotráfico es ahora una amenaza estratégica. No se puede decir que algunos posibles arreglos que existieron en el pasado entre mandos policíacos y delincuentes sean equivalentes a una negociación del Estado con los narcotraficantes de hoy y, en segundo término, porque resulta imposible que la autoridad de cualquier país realice acuerdos con delincuentes que rigen su comportamiento por los principios de violencia, crimen y muerte.

Una negociación supondría que los cárteles son un enemigo coherente con control sobre sus estructuras y con reglas y límites, pero la realidad es que el narcotráfico es un problema fragmentado, sin control sobre su gente y sin reglas en el uso de la violencia.

La idea de negociar con los cárteles es una fantasía. Una gran fantasía tropical. Un sueño guajiro.

Colombia, por ejemplo, negoció con Pablo Escobar y otros cárteles, ofreciéndoles ventajas si se sometían a la justicia y el desenlace fue la ridiculización absoluta de la autoridad y las cárceles convertidos en centros de mando y operación de lujo con protección pagada por los ciudadanos para que Escobar siguiese sembrando violencia y muerte en el país.

La historia de los gobiernos locales o federales que han pactado con los señores, la conoce, la vive, la sufre el pueblo de México. Todos y cada uno de los errores del pasado, hoy, lo enfrentan millones de mexicanos que no ven para cuándo pueda terminarse con esta vorágine de violencia.

“La estrategia debería dirigirse a la legalización de las drogas”.

Dicen otros. Se reglamente la legalización de todos los enervantes para terminar con el problema.

Pero los expertos opinan que con las drogas no existe camino ideal.

Se trata en realidad de escoger entre daños de salud pública o violencia.

Su legalización no las vuelve socialmente deseables. Teniendo como punto de partida el principio del mal menor, la idea de legalizarlas es correcta y a futuro seguramente esto dejará de ser un mito.

Lo que es un mito en la actualidad es pretender que esta estrategia pueda ser puesta en marcha con éxito por los países afectados por la violencia que genera la producción y el tráfico de drogas.

La legalización de las drogas requiere un acuerdo simultáneo con los países consumidores. Sin la participación de Estados Unidos y Europa una estrategia de este tipo, aplicada en México o Colombia, por ejemplo, sería un suicidio para la seguridad de estos países. Esto es injusto, pero el problema no es de ética sino de realidad.

No se trata sólo de un conflicto político internacional entre la inseguridad de los países que producen y trafican versus la hipocresía de los países que consumen, sino que la distorsión generada sería altamente explosiva.

La disposición de droga en México y Colombia es infinitamente superior a su demanda y la situación en Europa y Estados Unidos es inversa. Por lo tanto, legalizar la droga en los primeros sin que se haya hecho en los segundos supondría un fortalecimiento de estructuras criminales en Colombia y México.

El negocio central seguiría siendo la exportación ilegal ante la enorme diferencia de precios.

Legalizar equivaldría a dar plenas libertades a grupos criminales en países con grandes debilidades institucionales. Si en la condición actual existen pequeños Estados en Latinoamérica y África en riesgo de caer en manos de mafias, esto se agravaría y se multiplicaría con una legalización unilateral.

Aunque resulte duro decirlo, la realidad es que Estados Unidos y Europa continúan jugando la carta de la tolerancia al consumo porque los niveles de violencia de los delincuentes dedicados a distribuir drogas en sus calles no se ha convertido todavía en una amenaza estratégica.

Esa violencia sin embargo, está creciendo, Estados Unidos ha encarcelado a más de dos millones de personas por delitos vinculados con las drogas y tiene un millón de pandilleros, (meros charalitos), a los capos, capos, ni los tocan, gran parte de los cuales se dedican a la venta de drogas. En México los operativos detienen y algunos otros, terminan con la vida de presuntos distribuidores, sin embargo, se reproducen como las amibas, a la semana ya estan reorganizados.

Por el momento a los gobiernos no les queda mas que mantener estrategias de control de daños en nuestro país y estados y denunciar el “silencio”, que nos provocan los países consumidores. El tema de la legalización está avanzando con la mariguana, pero aún es un asunto difícil como acuerdo entre gobiernos. De aquí al siglo XXII, probablemente ya sea historia.

Y mientras los señores en el poder no toman acuerdos, a México y a Veracruz le va como en feria, la violencia continúa siendo el pan de cada día y afectando a gente inocente que sin lugar a dudas, no tiene nada que ver con los que se dedican a las acciones al margen de la ley. Muchos, muchísimos son inocentes.

Y existen otros muchos mitos, como el que ve en la presencia del Ejército y la Armada de México en el combate de tareas que corresponden a las fuerzas locales de seguridad, como la vulnerabilidad al municipio libre.

Sobre este tema, es positiva, más que negativa, la participación del ejército en el control de la seguridad en municipios donde se disputan la plaza. Si con los marinos en Veracruz y Boca del Río, el ataque a los ciudadanos disminuyó, aún y cuando continúan registrándose hechos aislados.

Dicen algunos que la seguridad interna no es tarea de las fuerzas federales, que el ejército no está preparado para esas labores; que se pone en riesgo su imagen; que termina violando los derechos humanos; que es peligroso darles poder a los militares, y otras ideas similares. Pero qué otra salida tiene el gobierno federal. Ya tuvieron los veracruzamos mucho con 6 años de terror fiel.

Pero casi nadie toma en cuenta los problemas objetivos que han obligado a usar al ejército: la dimensión de la amenaza que implican los cárteles; el poder de fuego, número de sicarios y nivel de organización de las estructuras delictivas; la crisis moral y los problemas de cooptación de las policías estatales y municipales en las zonas conflictivas.

Ustedes creen que si las autoridades de los estados y municipios, hubieran cumplido con sus labores de proteger con sus fuerzas de seguridad pública, estarían los soldados y marinos. ¿Verdad que no?. Por qué no quieren hacer la tarea que les corresponde. ¿O no pueden?.

Qué pretextos habría argumentado el gobierno federal para mandar a sus elementos. No tendría, sin embargo, la violencia que ya afecta al ciudadano inocente, ante la gran indiferencia de las autoridades correspondientes, hizo que hoy, varios organismos como el que representa Arturo Matiello, presidente del Consejo de Participación Ciudadana de la PGR, manifieste que los municipios de Alvarado, la Antigua y Medellín, estén solicitando se quede la marina y el ejército, a realizar labores que corresponden a los estados.

¿Usted qué opina?. Son temas de interés colectivo y hay que ventilarlos por la enorme gravedad de este problema que se ve, no tiene solución a corto plazo y muy pronto afectará a muchas mas personas inocentes. Al tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario