lunes, 6 de junio de 2011

Un pequeño tropiezo

“Es lamentable”, se dijo de pronto un cronopio a levantarse sin la ayuda de una fama o una esperanza.

Había tropezado con un escalón mal ubicado o al dar un paso mal ubicado en un escalón; no lo recordó a pesar de pasar junto de él cada día, a las dieciséis horas con cuarenta y siete minutos.

Sin tener idea de lo que las parcas le tenían preparado en esta ocasión, la peculiar torpeza del cronopio lo condujo a entablar una plática con un personaje particular, pues el tropezón que se dio con el escalón no era un escalón como pensó, sino una de las patas anchas y ya desgastadas de un taburete alto y de madera.

A pesar de ser verde y de su corta estatura, el cronopio lo pudo observar perfectamente. Era un hombre alto, delgado, tez blanca, cabello negro, ojos grandes y tristes, boca fina y pequeña, narigón.

“¿Quién eres?” Le preguntó inquisitiva a intempestivamente, aunque con cierto recelo. Aquél hombre serio y sereno le contestó su nombre. “Me llamo Maurice Merleau-Ponty”.

“Platícame más de ti, si es que no te molesta. Podríamos hacernos compañía en lo que abren el recinto para las hora de visita”.

“Claro”, le contestó Maurice. “Pues, ¿por dónde empezar?... Pues llegué aquí en 1961, desde entonces tengo 53 años. Nací en una región al suroeste de Francia llamada Rochefort- Sur-Mer. Debo de confesar que desde que asistía al liceo, sentí una vocación hacia la filosofía es por eso que en cuanto terminé fui al colegio Normale Supérieure en París.

Por años me dediqué a la docencia de psicología pedagógica y también de Filosofía, estuve en la Sorbona y en la Universidad de Lyon. Cuando viene la segunda guerra mundial, decidí involucrarme en una de las Resistencias”.

“Y qué más… ¿qué te- qué le gustaba de la filosofía?”- respondió el pequeño cronopio sin querer perder el respeto, empezando a mostrarse cada vez más interesado, olvidando el dolor del tropezón que se dio con el escalón que no era un escalón como pensó, sino una de las patas ya anchas y desgastadas de un taburete alto y de madera.

“Pues, principalmente la fenomenología existencialista. Sin embargo, uno de los momentos más interesantes y que más me han marcado fue cuando conocí a Jean-Paul Sartre y a Simon de Beauvoir. No sé si los has visto, también están aquí en Montparnasse junto con Becket, Baudelaire, Ionesco y otros cuantos”.

“Si”, respondió el estrafalario personaje verde y pequeño, verde y redondo, verde.

“Los he visto ahí… Quien es mi consentida es Simone, su esposo Sartre no me cae muy bien, además de ser tan distraído como yo, es un poco megalómano. Tiene lo suyo, debo de aceptarlo”.

Merleau- Ponty no pudo evitar soltar una gran carcajada, pues la inocencia, honestidad y espontaneidad del cronopio, son cualidades poco comunes hoy en día.

El cronopio un poco ruborizado ante tal indiscreción, le pregunta rápidamente para poder desviar su confesión: “¿Por qué que conoció a Sarte y a Simone?”

“Pues, al término de la Segunda Guerra Mundial, decidimos fundar una revista llamada Temps Modernes, la cual sigue vigente hoy en día. Se abordan temas políticos, literarios y filosóficos; hace cinco años, en 1995, el actual director de todo el comité editorial organizó un homenaje por cumplir 50 años de su fundación, desafortunadamente no pude asistir. “

“En una ocasión, cuando platiqué con Sartre, me confesó algo sobre ti. – comentó el cronopio. Pues, me dijo que querías escribir sobre ti mismo, de tu vida, de manera autobiográfica. Aunque, poco después le habías confesado que valdría más escribir una novela porque en ella, podrías darle episodios de tu vida que no entendías, un sentido imaginario… ¿no es así?”

“Sin duda estás bien enterado… eres más suspicaz de lo que pensaba. Frecuentemente menciono en mis escritos a Valéry, Proust, Breton, Stendhal, entre otros… considero que la palabra poética o novela son una referencia constante del pensador, sin duda es una motivación de aquel pensador filosófico.”

“Pero bueno, ya he hablado mucho de mí. Ahora cuéntame un poco de ti. Ni siquiera sé tu nombre…” le dijo Maurice al cronopio.

“Será en esta ocasión” contestó. La gente empieza a llegar y necesito regresar.

Después de todo no fue lamentable sino formidable haber tenido una charla con Maurice Merleau-Ponty; de aquellas que son instantáneas a la vista, perennes en la memoria…” Pensó el cronopio al caminar en busca de una fama o una esperanza.

“Hay que ser desmesuradamente revolucionario en la creación y quizá pagar el precio de esta desmesura. Sé que vale la pena.”

J. Cortázar,

La vuelta al mundo en ochenta mundos.

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